Cómo la FDA manipula los medios de comunicación

Agencias Reguladoras

Estados Unidos

Cómo la FDA manipula los medios de comunicación
Charles Seife
Scientific American, octubre de 2016
http://www.scientificamerican.com/article/how-the-fda-manipulates-the-media/
Traducido por Salud y Fármacos

Nuestra investigación revela que la FDA ha estado presionando a los periodistas para que renuncien a su independencia profesional. Otras instituciones están siguiendo el ejemplo. Se ofrecían privilegios a los periodistas a cambio de que sacrificaran sus principios éticos y hasta llegaron a avergonzar a los directivos de la Radio Pública Nacional (NPR)

El acuerdo era el siguiente: la NPR, junto con un selecto grupo de medios de comunicación, recibiría los informes sobre las noticias de la FDA un día antes que el resto de los medios de comunicación. Pero a cambio del privilegio, la NPR tendría que abandonar su independencia informativa. La FDA dictaría a la NPR a quienes podrían o no podrían entrevistar.

“Mis editores se sienten incómodos con la condición de que no podamos investigar las reacciones a las noticias de la FDA”, escribió Rob Stein, reportero de NPR, a los funcionarios del gobierno que ofrecieron el acuerdo. Stein pidió un poco de margen de maniobra para hacer algún informe independiente, pero fue rechazado. Tomen o dejen el trato.

NPR aceptó la oferta. “Estaré en la sesión informativa”, escribió Stein.

Más tarde, ese mismo día, en abril de 2014, Stein junto a los reporteros de más de una docena de las cadenas de comunicación más importantes del país, la CBS, NBC, CNN, el Washington Post, el Wall Street Journal y el New York Times, se presentaron al edificio federal para obtener su recompensa. Cada uno de los periodistas presentes había acordado no hacer preguntas a fuentes no aprobadas por el gobierno hasta obtener el permiso.

“Creo que los embargos que intentan controlar la diseminación de noticias son peligrosos porque limitan el papel del periodista, cuyo trabajo es hacer un análisis completo de un tema”, dice la exeditora del New York Times, Margaret Sullivan. “Es realmente inapropiado que una agencia diga a un periodista con quien él o ella puede y no puede hablar”. Ivan Oransky, distinguido escritor residente en el Instituto de Periodismo de la Universidad de Nueva York y fundador del blog Embargo Watch, está de acuerdo: “Yo creo que es totalmente erróneo”.

Este tipo de trato que ofreció la FDA -conocido como un embargo cerrado- es una herramienta cada vez más importante que las agencias científicas y gubernamentales utilizan para controlar el comportamiento de la prensa. O al menos eso parece. Es imposible saber con seguridad porque está sucediendo casi enteramente a espaldas del público. Sólo sabemos sobre el acuerdo con la FDA porque un editor del New York Times incluyo una frase desafortunada. Pero a parte de esa violación del secreto, nadie fuera de la pequeña camarilla de funcionarios del gobierno y periodistas de confianza habría sabido que los periodistas que cubrían la FDA habían renunciado a su derecho a hacer informes independientes.

Los documentos obtenidos por Scientific American a través de las solicitudes de la Ley de Libertad de Información presentan un panorama inquietante sobre las tácticas para controlar a la prensa que trata temas científicos. Por ejemplo, la FDA asegura al público que está comprometida con la transparencia, pero los documentos muestran que, en privado, la agencia niega a muchos reporteros el acceso -incluso a los de cadenas importantes como por ejemplo Fox News- e incluso los engaña con medias verdades para descarrilarlos en su búsqueda de un reportaje. Al mismo tiempo, la FDA cultiva un círculo de periodistas que mantiene en línea utilizando amenazas. Y la agencia ha incorporado la costumbre de exigir control total sobre las personas con quienes los reporteros pueden y no pueden hablar hasta después de que se haya publicado la noticia, sorda a las protestas de las asociaciones de periodistas y eticistas y en violación de sus propias políticas escritas.

Mediante el uso de embargos cerrados y otros métodos, la FDA, al igual que otras fuentes de información científica, están controlando a los periodistas que se supone que deberían vigilar esas instituciones. Los cancerberos se están convirtiendo en perros falderos. “Los periodistas han cedido el poder al establishment científico”, dice Vincent Kiernan, periodista científico y decano de la Universidad George Mason. “Creo que es interesante y hasta cierto punto inexplicable, sabiendo que en general a los periodistas no les gusta ceder poder”.

Los corresponsales de prensa están preparados para la manipulación por una convención que se remonta a varias décadas: el embargo. El embargo es un trato entre los periodistas y las personas sobre quienes escriben, sus fuentes. Una fuente concede acceso al periodista a condición de que no publique antes de una fecha y hora acordadas.

Una proporción asombrosamente grande de artículos sobre temas científicos y de salud es producto de embargos. La mayoría de las principales revistas científicas ofrecen a los periodistas copias anticipadas de los próximos artículos -y la información de contacto de los autores- a cambio de que acepten no hacer ningún análisis hasta que el embargo expire. Estos embargos fijan el ritmo semanal de la cobertura de temas científicos: El lunes por la tarde, usted puede ver varias noticias de los Proceedings de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos publicadas casi simultáneamente. El martes las del JAMA. El miércoles, las de Nature y del New England Journal of Medicine. Las noticias de Science aparecen el jueves. Otras instituciones también han adoptado el sistema del embargo. Las instituciones federales, especialmente las que informan a los periodistas que tratan los temas de ciencia y salud, tienen también embargos. Los embargos son la razón por la cual las noticias de los Laboratorios Nacionales y los Institutos Nacionales de Salud y de otras organizaciones tienden a conocerse al mismo tiempo.

Los embargos fueron adoptados por los periodistas científicos en la década de 1920, en parte porque eliminaban la presión. Después de todo, cuando todo el mundo está de acuerdo en publicar sus noticias al mismo tiempo, un reportero puede dedicar más tiempo a investigar y escribir una historia sin miedo a que se piense que es sensacionalista. “[Los embargos] fueron creados a instancias de los periodistas”, dice Kiernan, que ha escrito un libro, Embargoed Science, sobre embargos científicos. “Tuvieron que convencer a los científicos para que aceptaran el sistema”. Pero las instituciones científicas pronto se dieron cuenta de que los embargos podían utilizarse para manipular el calendario y, en menor medida, la naturaleza de lo que la prensa escribe. El resultado es un sistema por el cual las instituciones científicas controlan cada vez más la prensa. “Han conseguido controlar esta relación, y los periodistas nunca han conseguido cambiarlo”, dice Kiernan.

El sistema del embargo es una institución tan establecida en el periodismo científico que pocos periodistas se quejan o incluso piensan en sus implicaciones más tenebrosas, por lo menos hasta que ellos mismos se sienten menospreciados. Este enero, el Instituto de Tecnología de California custodiaban una gran historia: los investigadores tenían pruebas de la existencia de un nuevo planeta gigante – el Planeta Nueve – en los confines externos de nuestro sistema solar. La oficina de prensa de Caltech decidió dar acceso temprano a los científicos y su estudio sólo a una docena de reporteros, incluyendo a Michael Lemonick del Scientific American. Cuando la noticia se dio a conocer, el resto de la comunidad de periodismo científico buscó desesperadamente cómo informarse. “Aparte de los 12 elegidos, a los que trabajan buscando noticias se les negó la oportunidad de hablar con los investigadores, obtener puntos de vista independientes o tener tiempo para digerir adecuadamente el trabajo publicado”, se quejó el reportero de la BBC Pallab Ghosh en una Carta Abierta a la Federación Mundial de Periodistas Científicos refiriéndose al favoritismo “inapropiado” de Caltech.

Cuando se le preguntó por qué Caltech optó por divulgar la noticia sólo a un selecto grupo de reporteros, Farnaz Khadem, directora de comunicaciones de Caltech, declaró que quiere ser “justa y transparente” sobre cómo y cuándo Caltech comparte noticias con periodistas. Luego se negó a hablar del incidente del Planeta Nueve, de los embargos o de la estrategia de prensa, y no permitió el acceso a nadie de Caltech para que hablara sobre tales asuntos. Como consecuencia, es difícil saber con certeza por qué Caltech decidió compartir las noticias con sólo un selecto grupo de reporteros. Pero no es difícil adivinar por qué los periodistas como Ghosh fueron excluidos. “No es que no fueran lo suficientemente buenos o no les gustara lo suficiente”, especula Kiernan. “Hubo un verdadero esfuerzo para controlar las cosas, asegurándose de que la élite de la élite cubría esta historia y lo hacía de cierta manera, de forma que los demás periodistas tuvieran que cubrir la noticia de la misma forma. Está muy claro que es un esfuerzo para controlar”.

Caltech no es la única institución que informa primero a un pequeño subconjunto de reporteros. (Mientras escribía este informe, recibí una nota de un oficial de prensa de la Fuerza Aérea de los EE UU ofreciendo una primicia de las imágenes de vídeo que se ofrecen a “un número selecto de publicaciones digitales”). Durante años la FDA ha estado cultivando a un pequeño grupo de periodistas a quienes se les notifica con antelación sobre ciertos acontecimientos mientras otros se quedan fuera. Pero no fue el juego de favoritos el que detonó una pequeña tormenta en la comunidad periodística en enero de 2011, fue la introducción del embargo cerrado.

Al igual que un embargo regular, un embargo cerrado permite el acceso rápido a la información siempre que los asistentes no publiquen antes de una fecha y hora pre-establecida. En este caso, fue un vistazo furtivo a las reglas que iban a publicarse sobre los dispositivos médicos. Pero había una condición adicional: los periodistas tenían expresamente prohibido buscar comentarios externos. Los periodistas tendrían que renunciar a cualquier apariencia de hacer informes independientes sobre el asunto antes de que el embargo expirara.

Ni siquiera los periodistas que habían estado tratando con la FDA durante años podían creerlo. Cuando se preguntó a la oficina de prensa de la agencia si realmente estaba prohibiendo la comunicación con fuentes externas, Karen Riley, funcionaria de la FDA, borró toda duda. “No hace falta decir que el embargo significa que USTED NO PUEDE llamar a otras fuentes y conseguir comentarios antes de la 1 P.M. cuando termina el embargo “, dijo en un e-mail.

“En realidad, hay que decir algo, ya que se trata de una nueva versión de embargo periodístico”, escribió Oransky en su blog Embargo Watch. Sin la capacidad de contactar fuentes independientes, continuó, “los periodistas se convierten en taquígrafos”. Kiernan repitió este punto de vista: “Cuando no se puede verificar la información, no se pueden hacer comentarios sobre la información. Tienes que guardarla dentro de este grupo de personas de las que te he hablado, y no puedes usarla en otro lugar. En esa situación, el periodista está permitiendo que le aten sus manos de reportero de forma que no pueda hacer nada, en última instancia, que solo sea un taquígrafo”.

La Asociación de Periodistas de Atención de Salud (AHCJ), de la cual soy miembro, se opuso públicamente al embargo cerrado, señalando que “será un serio obstáculo para el buen periodismo”. Los periodistas que quieren ser competitivos sobre una noticia esencialmente tendrán que estar de acuerdo en escribir sólo lo que la FDA quiera decir al mundo, sin análisis ni comentarios externos”. Frente a esta oposición, la agencia rápidamente retrocedió. Después de reunirse con los líderes de la AHCJ, Meghan Scott, entonces comisionada adjunta para asuntos externos de la agencia, escribió: “Antes de su consulta, la FDA no tenía una política oficial de embargo de noticias”. La FDA estaba estableciendo nuevas reglas básicas que “servirán mejor a los medios de comunicación y al público”.

La nueva política de comunicación de la FDA, inicialmente publicada en línea en junio de 2011, oficialmente liquidó el embargo cerrado: “Un periodista puede compartir el material embargado proporcionado por la FDA con otras personas que no sean periodistas o con terceros para obtener citas u opiniones antes de que se levante el embargo, siempre que el reportero se asegure de que estos terceros mantengan el embargo”. El comportamiento adecuado siempre estará permitido, al menos en la FDA.

Los periodistas de salud y ciencia lanzaron un suspiro de alivio. El AHCJ expresó su gratitud por el hecho de que la FDA había cambiado su tono, y Embargo Watch de Oransky felicitó a la agencia por el cambio: “Por hacer lo correcto, la FDA se ha ganado un lugar en el Embargo Watch Honor Roll. ¡Bien hecho!”. La FDA había aclarado el malentendido y afirmó que estaba comprometida con “una cultura de apertura en sus relaciones con los medios de comunicación y el público”.

En realidad, no había habido un malentendido. El embargo cerrado se había convertido en parte de la estrategia mediática de la agencia. Estaba aquí para quedarse.

Ahora es difícil saber cuándo se está haciendo un embargo cerrado porque, por su propia naturaleza, es un secreto que ni los periodistas a los que se ha dado acceso especial ni la institución científica que establece el acuerdo quieren que se conozca. El público sólo se entera cuando un periodista decide revelar la información.

Tenemos unos pocos y raros casos en que periodistas revelaron que científicos e instituciones científicas estaban usando embargos cerrados después de 2011. En el 2012, el biólogo Gilles-Eric Séralini y sus colegas publicaron un dudoso trabajo que después fue retractado y luego reeditado, que supuestamente vinculaba alimentos genéticamente modificados a cáncer en ratas. Los autores permitieron el acceso temprano de reporteros a través de un embargo cerrado, lo más probable para que los periodistas no pudieran explorar fallos en el artículo, algo que el periodista científico Carl Zimmer describió como “una manera deshonesta de informar sobre la ciencia”.

En 2014, el US Chemical Safety and Hazard Investigation Board (CSB) (Junta de Investigación sobre Seguridad y Peligros Químicos de EE UU) envió un informe a periodistas bajo un embargo cerrado. Cuando se cuestionó, el entonces director gerente del CSB, Daniel Horowitz, dijo a Embargo Watch de Oransky que se había utilizado el embargo cerrado “pensando que esta forma de hacerlo sería más ordenada”. Luego declaró que la Junta iba a “abandonar esta práctica en futuros informes”. Sin embargo, en privado un especialista de asuntos públicos del CSB escribió en un correo electrónico: “Francamente, me gustaría tener más taquígrafos ahí fuera. Las agencias gubernamentales llevan muchos años tratando de controlar el flujo de información, no es nada nuevo, pero la realidad es que las agencias gubernamentales que hacen un buen trabajo a menudo tienen dificultades para contar su trabajo en un contexto de escepticismo periodístico y peleas partidarias y luchas burocráticas. “

También en 2014, el Harvard-Smithsonian Center for Astrophysics (CfA) usó un embargo cerrado al anunciar a una docena de reporteros que los investigadores habían descubierto señales sutiles de ondas gravitacionales del universo temprano. “Sólo se podía hablar con otros científicos que ya habían visto los documentos; no queríamos que fueran compartidos indebidamente “, dice Christine Pulliam, gerente de relaciones con los medios de comunicación de CfA. Desafortunadamente, la lista de científicos aprobados proporcionada por la CfA enumeraba sólo a los teóricos, no a los experimentales, y era probable que sólo un experimentalista pudiera detectar el defecto que condenaba el estudio. (El equipo estaba viendo las características del polvo cósmico, no las ondas gravitacionales.) “Después me sentí como un tonto”, dice Lemonick, quien, como parte de una docena de periodistas escogidos, cubrió la historia para la revista Time (entonces no estaba trabajando para Scientific American).

La FDA, también, silenciosamente ha tenido reuniones de embargos cerrados, a pesar de que su política oficial las prohíbe. Nadie quiere decir nada por lo que es imposible saber con certeza cuándo o por qué la FDA comenzó a violar sus propias normas. Un documento de enero de 2014, sin embargo, describe la estrategia de la FDA para conseguir que los medios de comunicación den a conocer el lanzamiento de una nueva campaña publicitaria de salud pública. Establece un plan para que la agencia organice una “reunión informativa con reporteros selectos, de alto nivel, que tendrán gran influencia en diseminar la información y en formar la opinión pública sobre las campañas… Los medios de comunicación que asistan a la reunión serán informados del estricto embargo cerrado que prohíbe el contacto con personas que no sean de la FDA para comentar sobre la campaña”.

¿Por qué? El documento da una idea: “La cobertura de la campaña por los medios de comunicación está garantizada; sin embargo, queremos asegurar que la información que se dé sea de alta calidad”, explica el documento. “La conferencia de prensa nos dará la oportunidad de dar forma a las noticias, sostener entrevistas embargadas con los medios de información más importantes antes del lanzamiento y ofrecer la oportunidad a los medios de comunicación de preparar una cobertura más profunda sobre el lanzamiento de la campaña”.

Diez periodistas -el New York Times, el Washington Post, USA Today, la Associated Press, Reuters, ABC, NBC, CNN y NPR- fueron invitados a que preparan sus reportajes. Al día siguiente de la reunión informativa, el 4 de febrero, todos, excepto el del New York Times, publicaron historias sobre la campaña publicitaria. No hubo comentarios independientes. Sólo la NPR, que comunicó la noticia horas después de los demás y CNN, en una actualización al mediodía de la noticia, lograron obtener comentarios de personas no vinculadas a la FDA. La CBS metió forzadamente una cita fuera de contexto del director de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC), probablemente con la esperanza de que los lectores no notaran que era de hacía dos meses. Nadie parece haber intentado conseguir a alguien que pudiera criticar la campaña publicitaria.

El resultado fue un conjunto de historias que se aferraban casi uniformemente a la política de la FDA, sin que se cuestionara en lo más mínimo la posibilidad de que la campaña publicitaria pudiera ser tan ineficaz como muchas otras campañas de este tipo. Ninguno de los medios de comunicación dijo nada sobre el embargo cerrado. Desde el punto de vista de la agencia, se había cumplido con el objetivo.

Dos meses más tarde la FDA tuvo una tarea mucho más difícil. La agencia estaba a punto de dar a conocer sus polémicas normas actualizadas sobre los cigarrillos electrónicos. Era casi imposible evitar que la noticia se escapara antes de tiempo; días antes de que se publicaran las nuevas normas en abril de 2014, los rumores volaban. Los reporteros de todo el país podían oler la noticia y comenzaron a enviar preguntas por correo electrónico sobre las normas del e-cigarrillo a la oficina de prensa de la FDA. Los artilleros de la agencia tendrían que usar todos los poderes a su disposición para controlar el flujo de información.

“He oído una serie de rumores de que la FDA va a publicar su propuesta normativa sobre los cigarrillos electrónicos el lunes”, dijo Clara Ritger, una reportera del National Journal el viernes 18 de abril. “Quería ver si podía confírmalo. Si eso no es exacto, ¿tiene una fecha?” Stephanie Yao, que entonces trabajaba en oficina de prensa de la FDA, esquivó la pregunta:

“La propuesta está todavía en borrador y en revisión. Como política, la FDA no informa a grupos externos sobre los borradores normativos mientras están en revisión”.

La confrontación había empezado. Ritger respondió: “Gracias por la información. Aunque sé que la propuesta todavía es un borrador y que se está revisando, para planear mi trabajo querría saber ¿cuándo saldrá la propuesta de normativa”?

“¿Se ha suscrito a los anuncios de prensa de la FDA?”, Jenny Haliski, entonces otra encargada de prensa de la FDA, escribió el lunes. “La propuesta de norma se publicará en el Registro Federal”.

“¡Gracias por la información! Me inscribí”, respondió Ritger. “La única otra pregunta que tengo es si la propuesta de norma se dará a conocer informalmente antes de que se publique en el Registro, para poder planear mi trabajo”.

La respuesta que obtuvo fue: “La FDA no puede especular sobre el calendario de la propuesta de norma”.

Pero esto era una semi-verdad cuidadosamente elaborada. No había necesidad de especular. Haliski y otros de la oficina de prensa sabían muy bien no sólo que la propuesta de norma iba a ser publicada el jueves 24 de abril, sino también que iba a haber una sesión de información restringida el miércoles. Sólo que Ritger y el National Journal no habían sido invitados.

La lista de invitados había sido redactada días antes y, como de costumbre, la información se limitaba a periodistas de confianza: las mismas cadenas de información que habían recibido información sobre la campaña publicitaria de febrero, con la adición de algunos más, entre ellos el Wall Street Journal, Boston Globe, Los Ángeles Times, Bloomberg News, Politico y el Congressional Quaterly. En el mismo momento en que la agencia estaba discutiendo la información embargada con algunos de sus reporteros elegidos, cualquier persona fuera de ese círculo pequeño, como Ritger, se quedaba en la cuneta. Ni a Fox News se le permitió entrar.

Algunos dentro de la oficina de prensa de la FDA se preguntaban por qué Fox News fue excluida, a diferencia de las otras grandes cadenas televisivas. “Para su información, nos hemos dado cuenta de que Fox aún no estaba en la lista de invitados”, dijo Raquel Ortiz, entonces de la oficina de prensa de la FDA a Haliski.

“No tengo el nombre de ningún periodista nacional de Fox que se haya puesto en contacto sobre este tema”, respondió Haliski. “Todos los reporteros invitados a la reunión de información tenían que haber cubierto antes los temas de regulación del tabaco”.

Ortiz se dio cuenta de que esa no era una respuesta honesta: “Pero definitivamente [Fox] cubre el CTP [Centro de Productos de Tabaco] de la FDA y las historias del tabaco – [un colega] los ha visto”.

“No tenemos un buen contacto en Fox” -insistió Haliski, más bien de mala gana-. Si se hubieran molestado en buscar no hubiera sido difícil encontrar un contacto. Pero el contacto los encontró a ellos. La mañana siguiente, temprano, mucho tiempo antes de la reunión, el corresponsal nacional más importante de Fox, John Roberts, que en un tiempo fuera el heredero aparente de Dan Rather, contactó con Haliski pidiendo acceso. Roberts escribió: “Soy consciente de que la FDA probablemente saldrá con su propuesta de norma sobre los e-cigarrillos en la próxima semana o así. Me gustaría tener la noticia preparada para ese día (cumpliendo el embargo) ¿será posible?”

“Hola, John, ¿Te has suscrito a los anuncios de prensa de la FDA?” Acceso denegado.

“Estaba particularmente preocupado porque yo fui el corresponsal médico de CBS Evening News durante un par de años, y tuve una relación muy buena con la FDA y todo el mundo allí”, dice Roberts, que se enteró de que había sido excluido cuando se publicaron los artículos de los corresponsales escogidos. “Estas personas me dijeron que Fox News no fue invitada debido a ‘experiencias anteriores con Fox’”.

Un poco después del mediodía del miércoles 23 de abril, la reunión continuó como estaba programada. Todos los reporteros presentes entendieron los términos, tal y como se anunció: “Como se ha comentado, bajo este embargo no podrán comunicarse con terceros para obtener comentarios sobre esta noticia. Le proporcionamos un avance de la información con este entendimiento”.

Pero a las 2:30 de la mañana, el embargo cerrado ya se estaba deshilachado. Los funcionarios de la FDA aparentemente se dieron cuenta de que un reportero estaba tratando de hablar con un miembro del Congreso sobre las nuevas normas. A pesar de que no estaba claro que se trataba de una violación del embargo -la entrevista estaba programada para después del vencimiento del embargo y el reportero presumiblemente no compartió información crucial antes de tiempo- la FDA estaba furiosa. Jefferson de la FDA no tardó media hora en mandar un email furioso a los periodistas de más confianza.

“Nos hemos enterado de que ya ha habido una violación del embargo… Informar a terceros sin importar quienes sean nunca se ha permitido y sigue prohibido. Todos los que participaron estuvieron de acuerdo con esto”, escribió.

“En el futuro no tendremos sesiones de información embargadas para los medios de comunicación si los periodistas no están dispuestos a cumplir con los términos del embargo… Tomamos muy en serio este asunto, y consecuentemente todos los individuos que violaron el embargo serán excluidos de futuras sesiones de información embargada con la agencia”. Si viola las normas, aunque solo sea el espíritu, se queda excluido con el resto.

Las reacciones negativas llegaron. “Esto es muy frustrante para quienes durante años han guardado siempre las reglas y han cubierto a la CTP/FDA, verse asociados con un grupo de reporteros que no pueden respetar sus compromisos de no comunicarse con terceros”, comentó el entonces reportero del AP Michael Felberbaum. “Por supuesto, yo siempre he defendido que trabajen más de cerca con periodistas como yo, que claramente entendemos como cubrir estos temas de forma consistente, en lugar de los periodistas a quienes se les asigna que preparen cualquier noticia.”

Pero a pesar del susto por la violación, el secreto se sostuvo. Cuando el embargo expiró y las primeras noticias se publicaron en línea, la FDA tuvo poco de que quejarse; el embargo había funcionado una vez más para dar forma a la cobertura. El artículo de Felberbaum, por ejemplo, citaba a Margaret Hamburg, entonces comisionada de la FDA y a Mitch Zeller, jefe de la CTP, pero a nadie más. Incluso después de que se actualizara la noticia para incluir comentarios de otras personas, no se hacía ninguna mención a lo polémico que eran las nuevas normas. La industria tabacalera estaba en general descontenta con el aumento de regulación federal de sus negocios, mientras que los antitabaco tendían a argumentar que las nuevas regulaciones eran demasiado débiles y tardaban mucho en promulgarse. Y al menos el artículo de Felberbaum no mencionó que la agencia había tratado de regular los cigarrillos electrónicos varios años antes, y recibió una dura amonestación del Tribunal Federal del Distrito de Columbia. (Cuando se le preguntó acerca de su trabajo para la AP, Felberbaum -que desde entonces dejó su trabajo como reportero para convertirse en un oficial de prensa de la FDA- dijo: “No estoy muy seguro de si me siento cómodo discutiendo eso en este momento”).

Algunas de los otras fuentes de información, como la NPR, inyectaron un poco más de comentarios en sus noticias, a pesar de las restricciones, haciendo informes adicionales después de que el embargo expirara. (En un comunicado, NPR dijo que el acuerdo con la FDA no era una violación de los principios de ética y “de ninguna manera influyó en las fuentes o ideas que se incluyeron en la información”). Sin embargo, incluso esas noticias no se alejaron de los mensajes claves que la agencia quería transmitir. De nuevo, la FDA encontró poco de que quejarse. Excepto por un detalle.

De todos los medios de comunicación, el único en mencionar el embargo cerrado fue el New York Times: “Los funcionarios de la FDA dieron a los periodistas un esquema de las nuevas normas el miércoles, pero exigieron que no hablaran con la industria o con grupos de salud pública hasta después del jueves (“Sentí que quería ser claro con los lectores”, Sabrina Tavernise, la autora de la historia dijo después a Sullivan, en ese momento el editor público del New York Times. “Normalmente reaccionas ante una noticia como esta, pero en este caso, no iba a haber ninguna”).

La FDA no estaba contenta de que el omertà (el código de silencio de la mafia) se hubiera roto. “Tengo que decir que mientras generalmente me reservo mis comentarios editoriales, me sorprendió un poco el tono de su artículo y el golpe bajo que le diste al embargo en el periódico, cuando después de una lectura cuidadosa de la noticia nadie más sintió la necesidad de hacerlo de esa manera”, reprendió Jefferson de la FDA a Tavernise en un e-mail. “Para ser claro, este soy yo, tomándome las cosas a nivel personal cuando sé que no lo debería hacer, pero pensaba que nuestra relación de trabajo era algo mejor… Nunca espero que la cobertura sea totalmente positiva, ya que nuestras políticas son polémicas y complejas, pero sí que al menos sean más neutrales y no tan editorializadas. En pocas palabras, ¡qué decepció! Ahora me tengo que ir a lidiar con un reportero cabreado de Fox News”.

Tavernise rápidamente se disculpó. -Bueno, perdón por lo del embargo. Los editores estaban preguntando por qué no lo veíamos de otra forma, y me pidieron que pusiera una línea para explicarlo”, escribió. (Tavernise se negó a comentar para este artículo, Celia Dugger, uno de los editores del New York Times que manejó la noticia, dijo por correo electrónico: “En cuanto a la decisión de describir las condiciones del embargo en la historia, Sabrina y yo hablamos y acordamos que era mejor incluirla”).

La FDA no estaba complacida con que se conociera el secreto del embargo cerrado, y la prensa excluida estaba confundida y enojada. “En este caso particular, me pareció muy extraño”, dijo Roberts de Fox. “Fue una agencia de gobierno la que escogió y eligió a quién iba a hablar sobre un tema de política pública, y después el hecho de que yo hubiera tenido una relación de mucho tiempo con la FDA, pero eso al parecer a la nueva administración no le importaba”.

Oransky se quejó de nuevo en Embargo Watch sobre los intentos de la FDA de convertir a los periodistas “en taquígrafos”. Sullivan hizo algunas preguntas perspicaces a Jefferson, quien, según Sullivan insistió en que la intención de la FDA era “no ser manipuladora, sino dar acceso lo antes posible a noticias complejas” y de paso Sullivan notó que Tavernise no había objetado los términos del embargo cerrado. Pero el daño duro poco. Las quejas tuvieron poca respuesta. Sullivan dijo que “le gustaría ver al Times presionar fuertemente contra tales restricciones, siempre que lo creyera conveniente y si fuera necesario estuviera preparado para no hacerse eco de la noticia”, pero no hay evidencia de que nadie pusiera presión.

El sistema de dos niveles, los que están dentro y los que están fuera, que rodea a la política de los embargos todavía se usa. Los principales medios de comunicación, como Scientific American y Agence France-Presse, han escrito a la FDA para quejarse de su exclusión, pero no han recibido ninguna respuesta satisfactoria de la agencia. Meses después del asunto del e-cigarrillo y siguiendo una noticia diferente de la FDA sobre el etiquetado de los alimentos a la que los privilegiados tuvieron acceso temprano, la revista Time se quejó de no haber podido participar en la llamada telefónica con los privilegiados. Al día siguiente de la llamada, Jennifer Corbett Dooren, entonces encargada de comunicaciones con la prensa de la FDA escribió: “The Time no estaba incluido… (no estaban ni siquiera en mi radar para ser honesta con usted), pero respondimos a todas sus consultas”.

A no ser que aparezca más información, es imposible saber si todavía está vigente el sistema de embargo cerrado y si lo está con qué frecuencia se usa. La FDA se negó a responder preguntas. Porque he iniciado una demanda judicial para acceder a los documentos relacionados con el sistema de embargo de la FDA, la oficina de prensa, en una declaración que no respondió a ninguna pregunta específica, dijo que los embargos de noticias “permiten que los periodistas preparen sus noticias sobre asuntos complejos con más precisión y que su uso de embargos se ajusta a las directrices gubernamentales pertinentes y a las mejores prácticas”. La oficina de prensa remitió todas las preguntas a la Oficina del Asesor Jurídico de la FDA, que ha no contestado.

Desde la metedura de pata del New York Times, ninguno de los periodistas que cubren a la agencia ha mencionado abiertamente que está sujeta a tales restricciones. Scientific American hizo un esfuerzo significativo para contactar a muchos de los reporteros que se cree que han aceptado un embargo cerrado de la FDA, incluyendo Felberbaum de la AP, Tavernise del New York Times, Stein de la NPR y otros reporteros de Reuters, USA Today y Los Angeles Times. Ninguno ha podido clarificar el tema. Algunos se negaron explícitamente a hablar con Scientific American; otros no contestaron; dos no recordaban haber aceptado un embargo cerado, uno de ellos Tom Burton, un reportero del Wall Street Journal ganador del Premio Pulitzer y el único dispuesto a responder a las preguntas dijo: “No lo recordaba en absoluto, y [incluso] después de que me lo dijiste, no lo recordaba”. Por lo que él sabe tales embargos no ocurren con frecuencia.

No importa lo raro que pueda ser, hay pruebas documentales de que sucede varias veces, y desde 2011 cada caso es una violación de la política oficial de los medios de comunicación de la FDA, que prohíbe explícitamente los embargos cerrados. Esta política y los favoritismos siguen vigentes como se ha visto en el último embargo. Aparentemente es un arreglo demasiado cómodo para que la FDA simplemente lo abandone.

A pesar de la dificultad de medir el uso de los embargos cerrados, Oransky y Kiernan y otros observadores del embargo coinciden en que tanto ellos -como otras variaciones del embargo que se utilizan para fortalecer el control sobre la prensa- parecen estar en aumento. Y han aparecido en otros campos del periodismo, como el periodismo empresarial. “Cada vez más fuentes, incluyendo fuentes gubernamentales, pero también fuentes corporativas, están interesadas en controlar el mensaje, y esta es una de las maneras en que están tratando de hacerlo”, dice Sullivan del New York Times. “Creo que se debe resistir.”

Se puede echar la culpa al gobierno y otras instituciones por querer controlar a los medios de información a través de estas tácticas, pero la principal responsabilidad recae en los propios periodistas. El reportero puede simplemente esperar hasta que el embargo expire y hablar con fuentes externas, aunque se publique la noticia un poco más tarde.

Dice Oransky: “Nosotros, como periodistas, necesitamos pensar por qué todos sentimos que tenemos absolutamente que publicar algo durante en el embargo sabiendo que no tenemos toda la información necesaria para contar la noticia”. Por fin, Kiernan dice que no hay ningún movimiento dentro de la comunidad de periodistas que se interese por cambiar las cosas: “No sé si los periodistas en general han dado un paso atrás, si intentan mirar desde fuera para entender como el embargo controla y manipula su trabajo”.

Este artículo fue publicado originalmente bajo el título “How to Spin the Science News”.

creado el 21 de Diciembre de 2016

Fuente: http://www.saludyfarmacos.org/boletin-farmacos/boletines/nov201603/006_fda/

 

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